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“Doctrina de la Fe es la agencia política de sabotaje contra el pontificado de Francisco

Charamsa y su pareja

Krzysztof Charamsa: “En el clero católico hay muchos homosexuales reprimidos que odian a los que son gays como ellos”

“En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es uno de los lugares menos santos”

José Manuel Vidal, 23 de octubre de 2015 a las 11:27

En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos, el problema es cuando los gays son homófobos interiorizados

Monseñor Charamsa, con su pareja/>

Monseñor Charamsa, con su pareja

  • Monseñor Charamsa, con su pareja
  • Monseñor Charamsa, con su pareja
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(José M. Vidal).- El sacerdote y teólogo polaco, Krzysztof Charamsa, acaba de protagonizar una de las ‘salidas del armario’ más clamorosas de la historia del Vaticano. Afincado en Barcelona, realiza, en este entrevista exclusiva con RD, un durísimo alegato contra la Congregación para la Doctrina de la Fe y su Prefecto, cardenal Müller, al que acusa de homofobia y de intentar “sabotear el pontificado de Francisco”.

¿Fue feliz durante sus años de sacerdocio?

Sí, yo siempre he sido un cura feliz. Me siento feliz sirviendo a la gente, escuchando y aconsejando a las personas. Estoy feliz cuando comunico la palabra y la gracia de Dios. Pero, al mismo tiempo, no me sentía feliz por la negación impuesta por la Iglesia a mi natural orientación sexual. Estos dos sentimientos en el sacerdocio entraban en conflicto. Al final ha prevalecido la infelicidad causada por la homofobia de la Iglesia. He comprendido que para ser sacerdote feliz, debo decirle a mi Iglesia que está paralizada por la homofobia, y esto no hace feliz a nadie.

¿Es partidario del celibato opcional en la Iglesia católica? ¿Por qué?

Sí, a la luz de mis estudios sobre el celibato, hoy estoy convencido de que la única disciplina que se podría aceptar es la disciplina del celibato opcional, como la encontramos en las iglesias católicas orientales, donde los candidatos a curas pueden realmente decidir si quieren vivir como célibes o como casados. Hay, sin embargo, otro problema. Pienso que hoy en día se debe también discutir y revisar el valor humano del celibato. El celibato obligatorio, impuesto en la iglesia latina, sin posibilidad de decidir, es sin duda una práctica inhumana. Debemos confrontar la disciplina del celibato con el estado de las ciencias modernas sobre el hombre y con la experiencia dramática de muchos curas. La Iglesia muchas veces esconde una doble vida en su corporación del clero.

¿Le han llamado ‘traidor’ por haber salido del armario y haber roto su compromiso celibatario?

Sería un traidor si continuara estando en el armario. Sólo así sería un traidor de Dios y de la humanidad. Sería un mentiroso. Yo no he traicionado a nadie. Yo me he liberado de la paranoia homofóbica de la iglesia, que es irracional y absurda, e incapaz de reflexionar porque está llena de un adoctrinamiento ideológico. Personalmente, veo que quien traiciona es la Iglesia, como comunidad de creyentes y como jerarquía, porque no es capaz de revisar una posición que ya no puede seguir defendiendo. Esta traición es muy patente en la Congregación para la doctrina de la fe y en el Vaticano en general. Traición es también la doble vida de una parte del clero. La doble vida para mí no significa solo tener una pareja, hombre o mujer, que es una realidad muy sana y recomendable para un cura. La doble vida es también masturbarse regularmente o ser dependiente de la masturbación como lo son muchos curas y al mismo tiempo luchar contra la masturbación, la cual forma parte de una sana vida sexual en pareja.


La Iglesia predica misericordia, pero ¿sigue persiguiendo a los homosexuales?

Sí, hay una verdadera persecución por parte de la iglesia católica tanto de las personas como de la comunidad LGBTI en general. Es la persecución de las minorías sexuales que no pertenecen y no pueden pertenecer a la mayoría heterosexual. Se trata de un proyecto ideológico de la Iglesia. Mi Iglesia se permite afirmar que debe luchar contra los gays al igual que luchaba contra el nazismo. Nos comparan con los nazis, los enemigos de la humanidad. Esta afirmación ha salido en boca del cardenal africano Sarah justo en medio del sínodo, que en su lugar debería pensar con misericordia sobre las familias. La Iglesia está obsesionada con la homosexualidad, así como con la sexualidad humana en general.

Desgraciadamente, en este momento de la iglesia no hay personas capaces de abrir una discusión seria, libre de toda ideología dictatorial. El nivel intelectual y espiritual de los Pastores en general no es muy alto. Así, faltan interlocutores con los cuales se podría confrontar en la Iglesia. Esta es mi experiencia en la Congregación para la Doctrina de la Fe: un frio y ciego adoctrinamiento, un legalismo automático, lleno de fariseismo insensible. ¿Con quién se podría discutir en la Iglesia las cuestiones humanas si la Iglesia permite las palabras de Sarah? El debería ser denunciado por difamación de un grupo social. La Congregación para la Doctrina de la Fe piensa como Sarah. Están obsesionados por la homosexualidad.

Hace unos días el cardenal Kasper decía que “el homosexual nace”. Era la primera vez que yo se lo oía a un jerarca de la Iglesia. ¿Y usted?

Sí, es verdad, creo que es la primera vez. El cardenal Kasper es una de las pocas personas que piensa en la Iglesia. No comparto su posición sobre el juicio moral en relación a los actos homosexuales realizados por personas homosexuales siguiendo su propia natura. Me parece que él, por una parte sostiene que se nace homosexual, pero al mismo tiempo excluye a estas personas de la posibilidad de amar, posibilidad reservada solo a las criaturas heterosexuales. Es contradictorio. En otros términos, si es verdad que “se nace homosexual”, como él dice, entonces los católicos tienen un problema con la cuestión homosexual. Deben reflexionar de nuevo sobre todo el tema de la orientación sexual y a continuación revisar la doctrina moral a la luz de esta reflexión.

No obstante esta frase, a mí me parece que el cardenal Kasper sigue la desafortunada teoría de la complementariedad hombre-mujer. Se trata de una verdadera construcción mental católica, que ya ha sido probada como teóricamente débil, por no decir falsa. Desgraciadamente, el término “complementariedad” se ha convertido en un slogan con el que la Iglesia quiere eliminar la discusión sobre personas homosexuales como criaturas Dios en vista del amor. Así, la Iglesia promueve también una falsa imagen homofóbica de las personas homosexuales, como naturalmente incapaces de amar. Así promueve también el odio en la mentalidad de la gente contra las personas LGBTI, las cuales son presentadas como anormales. Se trata de una posición ideológica de una iglesia que tiene miedo de pensar. Estoy seguro de que esto pasará y en el futuro la Iglesia pedirá perdón por esto retraso. Este tipo de errores se repiten en la historia de la Iglesia continuamente.

Volviendo al cardenal Kasper: él es un creyente que piensa, con el cual se puede discutir. Hay también otros como él: como el card. Schönborn, el card. Marx, monseñor Forte o monseñor Bonny, por nombrar algunos, y sin olvidar al Papa Francisco. Son hombres de Dios y de la Iglesia, sensibles, creyentes, capaces de conocer la humanidad y de dialogar con ella. Pero la mayoría está obsesionada, incapaz de pensar y de amar, como el card. Sarah. La estigmatización promovida por la mayoría es un arma.

¿La espiritualidad y la sensibilidad atraen a los gays hacia el altar? ¿Hay más homosexuales en la Iglesia que en otras instancias sociales?

Personalmente estoy seguro que es así. Muchas veces en el pasado, ser cura para un gay era la manera de esconder su homosexualidad y realizarse socialmente. Hoy, probablemente esa razón funciona solo en sociedades homofóbicas y retrógradas. Imagino que en mi patria, Polonia, todavía funciona así. Pienso que hoy en día es mucho más frecuente que un gay con su sensibilidad, y su apertura a lo transcendente y a lo divino, quiera ser cura.

¿Y en la Curia, hay muchos gays? ¿Es realidad el lobby gay vaticano del que suele hablarse?

En este campo también puedo hablar solo de mi experiencia. No tenemos estudios sobre la presencia de personas homosexuales en el clero, porque es un tabú, un tema del que no debe hablarse. En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos curas, si no son homófobos, si no piensan solo en su carrera, si no se preocupan solo del dinero y del poder. El problema aparece cuando los gays son homófobos interiorizados. En el clero católico hay muchos homosexuales que, reprimidos por su propia orientación, odian a los que son gays como ellos.

Otro tema es el lobby gay, que yo no he conocido. He leído algo sobre ello en Italia, pero no he tenido ninguna experiencia. Puede ser que exista este lobby, come existe el lobby italiano o polaco en el Vaticano. El Vaticano, el corazón de la Iglesia, es una mezcla de luchas por el poder, la política y el dinero. Pienso también que el Vaticano es un lobby a nivel italiano e internacional que impone cosas que jamás ha estudiado seriamente.

¿Doctrina de la Fe es un dicasterio especialmente homófobo? ¿Y su jefe máximo en el dicasterio, el cardenal Müller?

Sí, la Congregación para la Doctrina de la Fe es el corazón de una homofobia paranoica e irracional. En ella no hay posibilidad de conocimiento ni de diálogo. Funciona por estereotipos. Yo tenía la impresión de que nosotros en la Congregación no promovemos la fe en Dios, no nos ocupamos de cristología o mariología, solo luchamos contra los gays y demás minorías sexuales. Es una obsesión. Esta es nuestra verdadera fe: la paranoia anti-gay. Nada más. Es nuestro tema preferido. Hay reuniones en las que de cada tres casos que tratamos, dos son contra gays. Nos hemos inventado un enemigo imaginario y luchamos con todas nuestras fuerzas contra él. Lo llamamos “nuestra guerra contra el gender”. Allí no se puede discutir, pensamos que ese gender solo promueve cambios de sexo. Ese es el nivel de paranoia que reina en la Congregación.

El cardenal Müller ha promovido toda esta ignorancia, este extremismo, esta obsesión entre los oficiales, sin ningún tipo de razonamiento. En lugar de promover estudios, la Congregación es la agencia política de sabotaje contra el pontificado del Papa Francisco y su discusión sinodal. Es la agencia que lucha contra el gender, al que tampoco sabe definir. Lo realmente importante es usar la palabra gender de una forma que asuste a la gente, no importa que no se haya leído ni un solo libro sobre estudios de género. La homofobia y la misoginia (la verdadera feminofobia, un complejo u odio hacia la mujer) obsesivas son un drama para esta Congregación, cuyos miembros no todos son heterosexuales. Como en todas partes, hay homosexuales. La realidad es que la Congregación odia a los gays, aun habiendo dentro personas de las cuales se sabe que son homosexuales.

¿Doctrina de la Fe es una de las principales piezas de la resistencia en la Curia a la primavera de Francisco?

Sin ninguna duda. La Congregación vive su periodo más oscuro. Lo que más importa es mantener oculto nuestro tabú: la homosexualidad y la sexualidad en general. Con la primavera de Francisco, la Congregación tiene un nuevo enemigo. Junto a los gays, hay el papa Francisco. Junto a la homofobia aparece una “Francisco-fobia”. El desprecio por el Papa en la Congregación es enorme. Por las cosas que he oído sobre el Papa Francisco en la Congregación, ésta debería ser denunciada por ofender el primado de Pedro. En el pasado, nosotros hemos destruido carreras de teólogos que reflexionaban con respeto e inteligencia sobre nuevas formas de ejercicio del primado. Ahora la Congregación está contra el Papa y su primado de una manera irracional.

Varias personas que trabajan en la Congregación son simplemente fundamentalistas y su nivel intelectual no es tan alto como su presunción de ser “salvadores de este mundo delincuente”. Dentro no hay ninguna posibilidad de discusión. Personalmente, no tengo ninguna duda de que el Prefecto de la Congregación, de una forma digna y con honor, debería dimitir después de mi coming out. Para salvar la situación, la Congregación debería ser cerrada por el Papa para empezar su renovación en cuanto a métodos de promoción de la fe en la Iglesia. A día de hoy sigue siendo la Inquisición. Está vacía de argumentos racionales y llena de paranoicas emociones, como las expresadas abiertamente por el cardenal Sarah.

¿Por qué no habló con el Papa, antes de dar a conocer públicamente su situación?

He hablado con todas aquellas personas con las cuales se podía hablar. He hablado con todos aquellos que podrían entender la situación inhumana de hipocresía y falsedad de la Iglesia de Roma, que no son muchos. La situación actual es un escándalo institucionalizado. Más que dar a conocer públicamente mi situación, he dado a conocer la situación de la Iglesia en la que he vivido. Esto es muy diferente. Gracias a Dios ya no es más mi problema. Me he liberado del escándalo de esta Iglesia que he dado a conocer públicamente. Quería ayudar a que la Iglesia despertara, ofreciendo el testimonio de mi experiencia en el Vaticano. Alguien debería decirlo claramente.

¿No le parece que el Vaticano reaccionó rápida y drásticamente con usted, mientras no hace lo mismo con los curas pederastas?

La reacción fue automática. El automatismo legalista y formalista es el alma de la Iglesia católica ante aquel que le dice la verdad, a pesar de que el Papa Francisco continuamente hable en contra de los formalismos legalistas.

Es cierto también que muchos casos de curas pedófilos fueron y son tratados de un modo distinto, no tan drástico. La pedofilia es una vergüenza del clero católico. Está relacionada con la inmadurez sexual de sus miembros. No está influida por el mundo, tal como lo afirma obsesivamente la Iglesia. Es el resultado de una obsesión provocada por una sexualidad reprimida, no aceptada, rechazada.

También es verdad que en varios niveles de la Iglesia la pedofilia continúa estando protegida para salvar su imagen y no indemnizar por los daños causados. Le voy a dar un ejemplo. A finales del verano pasado en la prisión del Vaticano murió el nuncio polaco, el arzobispo Wesolowski, juzgado por la Congregación como pedófilo. Este hombre tuvo un entierro que duró diez días, entre el Vaticano y Polonia. 10 días de entierro de un prisionero que ya fue juzgado por un tribunal eclesiástico por abusos pedófilos. Este entierro empezó con una misa celebrada por los más cercanos colaboradores de Papa y terminó al cabo de diez días en Polonia con una lectura de una carta donde se decía que las acusaciones de su pedofilia eran solo invenciones de la mafia de la República Dominicana. El Vaticano permitió todo ese espectáculo, en lugar de pensar en cómo indemnizar inmediatamente a las víctimas de ese obispo pederasta. Viendo todo esto, se puede llegar a la conclusión de que existe un lobby pedófilo en el Vaticano. Sí, muchos curas y obispos pederastas tienen un tratamiento especial y muchos continúan estando libres de cualquier pena.

A esta luz la reacción del Vaticano a un cura gay que dice la verdad es un automatismo vergonzoso. Pero esta es la lógica de la Iglesia: todo debe permanecer escondido “por el bien de la Iglesia”. Mientras esté escondido, no pasa nada. Para la Iglesia “el demonio” es el cura que dice la verdad, el que sale a la luz, el que sale del armario.

¿Va a seguir siendo sacerdote, va a pedir la secularización o se la van a imponer?

Soy y me siento sacerdote. Hoy soy mejor sacerdote que antes. Al revés, soy yo quien va a pedir a Iglesia que abra los ojos.

¿Tiene pensado escribir algún libro sobre sus vivencias en el Vaticano?

Sí, estoy convencido que es mi deber explicar más ampliamente mi experiencia en la Iglesia, y lo haré por el bien de la propia Iglesia, que debe convertirse y pedir disculpas por sus escándalos institucionales, por sus retrasos, por su paranoia irracional de la homofobia. Todo aquel que lo ve y lo experimenta tiene deber de despertar a la Iglesia, la cual ya ha superado todo límite soportable.

Si el Papa se lo pidiera personalmente, ¿dejaría a su pareja y volvería al Vaticano?

No, no dejaría a mi pareja porque la quiero y porque no hay razones doctrinales para hacerlo. Tener pareja, sea hombre o mujer, para un cura no va en contra de su fe, no va en contra de la doctrina de nuestra fe. Al revés, es la Iglesia y el Papa quienes deberían empezar a reflexionar seriamente sobre la inhumana disciplina del celibato obligatorio, y su obsesión por la homosexualidad y la sexualidad humana en general.
¿Volver al Vaticano? No, no volvería. Debería ser un masoquista, una persona que busca sufrimiento y ofensa de su propia identidad. Yo no soy masoquista. El Vaticano es uno de lugares menos santos que he conocido en mi vida. Yo quiero vivir feliz, quiero ser santo, lo que significa ser feliz y, vivir a la luz de la voluntad de Dios y de la dignidad del hombre. En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es un lugar que necesita una conversión espiritual y mental. Necesita aire de Dios, aire que allí falta.

Otros titulares

Siempre he sido un cura feliz

El celibato obligatorio, impuesto en la iglesia latina, sin posibilidad de decidir, es sin duda una práctica inhumana

Yo no he traicionado a nadie. Yo me he liberado de la paranoia homofóbica de la iglesia, que es irracional y absurda

Muchos curas son dependiente de la masturbación y al mismo tiempo luchan contra ella

Mi Iglesia se permite afirmar que debe luchar contra los gays al igual que luchaba contra el nazismo. Nos comparan con los nazis, los enemigos de la humanidad

La Iglesia está obsesionada con la homosexualidad, así como con la sexualidad humana en general

El nivel intelectual y espiritual de los Pastores en general no es muy alto

En Doctrina de la Fe reina un frio y ciego adoctrinamiento, un legalismo automático, lleno de fariseismo insensible

La Congregación para la Doctrina de la Fe está obsesionada con la homosexualidad

Kasper por una parte sostiene que se nace homosexual, pero al mismo tiempo excluye a estas personas de la posibilidad de amar

La Iglesia promueve también una falsa imagen homofóbica de las personas homosexuales, como naturalmente incapaces de amar

En el futuro la Iglesia pedirá perdón por su condena de la homosexualidad

Muchas veces, en el pasado, ser cura para un gay era la manera de esconder su homosexualidad y realizarse socialmente

No tenemos estudios sobre la presencia de personas homosexuales en el clero, porque es un tabú, un tema del que no debe hablarse

En la Curia hay muchos gays. Muchos de ellos son buenos, el problema es cuando  los gays son homófobos interiorizados

En el clero católico hay muchos homosexuales que, reprimidos por su propia orientación, odian a los que son gays como ellos

El Vaticano, el corazón de la Iglesia, es una mezcla de luchas por el poder, la política y el dinero

Con la primavera de Francisco, la Congregación tiene un nuevo enemigo. Junto a los gays, hay el papa Francisco. Junto a la homofobia aparece una “Francisco-fobia”

El desprecio por el Papa en la Congregación es enorme

El Prefecto de la Congregación, de una forma digna y con honor, debería dimitir después de mi coming out

La Congregación debería ser cerrada por el Papa para empezar su renovación. A día de hoy sigue siendo la Inquisición.

Quería ayudar a que la Iglesia despertara, ofreciendo el testimonio de mi experiencia en el Vaticano

La pedofilia es una vergüenza del clero católico. Es el resultado de una obsesión provocada por una sexualidad reprimida.

En varios niveles de la Iglesia la pedofilia continúa estando protegida para salvar su imagen y no indemnizar por los daños causados

¿Volver al Vaticano? No, no volvería. Debería ser un masoquista, una persona que busca sufrimiento y ofensa de su propia identidad

El Vaticano es uno de lugares menos santos que he conocido en mi vida

En el Vaticano la mayor parte de la gente no es feliz. Es un lugar que necesita una conversión espiritual y mental. Necesita aire de Dios

How To Be Happy, Catholic and Gay!

Haslemere High Street, Surrey (Source: Wikipedia)
Haslemere High Street, Surrey (Source: Wikipedia)

I’m a cradle Catholic, a father and a grandfather, deeply committed to the value of family. I’m heavily involved in my local Catholic parish, in a small market town in rural Surrey, one of the most conservative parts of the United Kingdom. I’m also openly gay, and happily partnered.

Some would think that’s impossible, that “gay Catholic” is a contradiction in terms. I found long ago though, that it is not. In this series of posts, and in my new video channel currently in preparation, I’ll be showing you why. I’ll show you, in fact, what I’ve learned over many years, about  “How to be Happy, Catholic and Gay”.

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Take Ownership of your Sexuality – It’s Good for Your Soul!

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DISCORSO DEL SANTO PADRE FRANCESCO

DISCORSO DEL SANTO PADRE FRANCESCO

Beatitudini, Eminenze, Eccellenze, Fratelli e Sorelle,

mentre è in pieno svolgimento l’Assemblea Generale Ordinaria, commemorare il cinquantesimo anniversario dell’istituzione del Sinodo dei Vescovi è per noi tutti motivo di gioia, di lode e di ringraziamento al Signore. Dal Concilio Vaticano II all’attuale Assemblea, abbiamo sperimentato in modo via via più intenso la necessità e la bellezza di “camminare insieme”.

In tale lieta circostanza desidero rivolgere un cordiale saluto a Sua Eminenza il Cardinale Lorenzo Baldisseri, Segretario Generale, con il Sotto-Segretario Sua Eccellenza Monsignor Fabio Fabene, gli Officiali, i Consultori e gli altri Collaboratori della Segreteria Generale del Sinodo dei Vescovi, quelli nascosti, che fanno il lavoro di ogni giorno fino a tarda serata. Insieme a loro, saluto e ringrazio della loro presenza i Padri sinodali e gli altri Partecipanti all’Assemblea in corso, nonché tutti i presenti in quest’Aula.

In questo momento vogliamo anche ricordare coloro che, nel corso di cinquant’anni, hanno lavorato al servizio del Sinodo, a cominciare dai Segretari Generali che si sono succeduti: i Cardinali Władysław Rubin, Jozef Tomko, Jan Pieter Schotte e l’Arcivescovo Nikola Eterović. Approfitto di tale occasione per esprimere di cuore la mia gratitudine a quanti, vivi o defunti, hanno contribuito con un impegno generoso e competente allo svolgimento dell’attività sinodale.

Fin dall’inizio del mio ministero come Vescovo di Roma ho inteso valorizzare il Sinodo, che costituisce una delle eredità più preziose dell’ultima assise conciliare. Per il Beato Paolo VI, il Sinodo dei Vescovi doveva riproporre l’immagine del Concilio ecumenico e rifletterne lo spirito e il metodo. Lo stesso Pontefice prospettava che l’organismo sinodale «col passare del tempo potrà essere maggiormente perfezionato». A lui faceva eco, vent’anni più tardi, San Giovanni Paolo II, allorché affermava che «forse questo strumento potrà essere ancora migliorato. Forse la collegiale responsabilità pastorale può esprimersi nel Sinodo ancor più pienamente». Infine, nel 2006, Benedetto XVI approvava alcune variazioni all’Ordo Synodi Episcoporum, anche alla luce delle disposizioni del Codice di Diritto Canonico e del Codice dei Canoni delle Chiese orientali, promulgati nel frattempo.

Dobbiamo proseguire su questa strada. Il mondo in cui viviamo, e che siamo chiamati ad amare e servire anche nelle sue contraddizioni, esige dalla Chiesa il potenziamento delle sinergie in tutti gli ambiti della sua missione. Proprio il cammino dellasinodalità è il cammino che Dio si aspetta dalla Chiesa del terzo millennio.

***

Quello che il Signore ci chiede, in un certo senso, è già tutto contenuto nella parola “Sinodo”. Camminare insieme – Laici, Pastori, Vescovo di Roma – è un concetto facile da esprimere a parole, ma non così facile da mettere in pratica.

Dopo aver ribadito che il Popolo di Dio è costituito da tutti i battezzati chiamati a «formare una dimora spirituale e un sacerdozio santo», il Concilio Vaticano II proclama che «la totalità dei fedeli, avendo l’unzione che viene dal Santo (cfr 1 Gv 2,20.27), non può sbagliarsi nel credere, e manifesta questa sua proprietà mediante il senso soprannaturale della fede di tutto il Popolo, quando “dai Vescovi fino agli ultimi Fedeli laici” mostra l’universale suo consenso in cose di fede e di morale». Qual famosoinfallibile “in credendo”.

Nell’esortazione apostolica Evangelii gaudium ho sottolineato come «il Popolo di Dio è santo in ragione di questa unzione che lo rende infallibile “in credendo”», aggiungendo che «ciascun Battezzato, qualunque sia la sua funzione nella Chiesa e il grado di istruzione della sua fede, è un soggetto attivo di evangelizzazione e sarebbe inadeguato pensare ad uno schema di evangelizzazione portato avanti da attori qualificati in cui il resto del Popolo fedele fosse solamente recettivo delle loro azioni». Il sensus fidei impedisce di separare rigidamente tra Ecclesia docens ed Ecclesia discens, giacché anche il Gregge possiede un proprio “fiuto” per discernere le nuove strade che il Signore dischiude alla Chiesa[10].

È stata questa convinzione a guidarmi quando ho auspicato che il Popolo di Dio venisse consultato nella preparazione del duplice appuntamento sinodale sulla famiglia, come si fa e si è fatto di solito con ogni “Lineamenta”. Certamente, una consultazione del genere in nessun modo potrebbe bastare per ascoltare il sensus fidei. Ma come sarebbe stato possibile parlare della famiglia senza interpellare le famiglie, ascoltando le loro gioie e le loro speranze, i loro dolori e le loro angosce[11]? Attraverso le risposte ai due questionari inviati alle Chiese particolari, abbiamo avuto la possibilità di ascoltare almeno alcune di esse intorno a delle questioni che le toccano da vicino e su cui hanno tanto da dire.

Una Chiesa sinodale è una Chiesa dell’ascolto, nella consapevolezza che ascoltare «è più che sentire». È un ascolto reciproco in cui ciascuno ha qualcosa da imparare. Popolo fedele, Collegio episcopale, Vescovo di Roma: l’uno in ascolto degli altri; e tutti in ascolto dello Spirito Santo, lo «Spirito della verità» (Gv 14,17), per conoscere ciò che Egli «dice alle Chiese» (Ap 2,7).

Il Sinodo dei Vescovi è il punto di convergenza di questo dinamismo di ascolto condotto a tutti i livelli della vita della Chiesa. Il cammino sinodale inizia ascoltando il Popolo, che «pure partecipa alla funzione profetica di Cristo», secondo un principio caro alla Chiesa del primo millennio: «Quod omnes tangit ab omnibus tractari debet». Il cammino del Sinodo prosegue ascoltando i Pastori. Attraverso i Padri sinodali, i Vescovi agiscono come autentici custodi, interpreti e testimoni della fede di tutta la Chiesa, che devono saper attentamente distinguere dai flussi spesso mutevoli dell’opinione pubblica. Alla vigilia del Sinodo dello scorso anno affermavo: «Dallo Spirito Santo per i Padri sinodali chiediamo, innanzitutto, il dono dell’ascolto: ascolto di Dio, fino a sentire con Lui il grido del Popolo; ascolto del Popolo, fino a respirarvi la volontà a cui Dio ci chiama». Infine, il cammino sinodale culmina nell’ascolto del Vescovo di Roma, chiamato a pronunciarsi come «Pastore e Dottore di tutti i cristiani»: non a partire dalle sue personali convinzioni, ma come supremo testimone della fides totius Ecclesiae, «garante dell’ubbidienza e della conformità della Chiesa alla volontà di Dio, al Vangelo di Cristo e alla Tradizione della Chiesa».

Il fatto che il Sinodo agisca sempre cum Petro et sub Petro – dunque non solo cum Petro, ma anche sub Petro – non è una limitazione della libertà, ma una garanzia dell’unità. Infatti il Papa è, per volontà del Signore, «il perpetuo e visibile principio e fondamento dell’unità tanto dei Vescovi quanto della moltitudine dei Fedeli» [17]. A ciò si collega il concetto di «ierarchica communio», adoperato dal Concilio Vaticano II: i Vescovi sono congiunti con il Vescovo di Roma dal vincolo della comunione episcopale (cum Petro) e sono al tempo stesso gerarchicamente sottoposti a lui quale Capo del Collegio (sub Petro)[18].

***

La sinodalità, come dimensione costitutiva della Chiesa, ci offre la cornice interpretativa più adeguata per comprendere lo stesso ministero gerarchico. Se capiamo che, come dice san Giovanni Crisostomo, «Chiesa e Sinodo sono sinonimi»[19] – perché la Chiesa non è altro che il “camminare insieme” del Gregge di Dio sui sentieri della storia incontro a Cristo Signore – capiamo pure che al suo interno nessuno può essere “elevato” al di sopra degli altri. Al contrario, nella Chiesa è necessario che qualcuno “si abbassi” per mettersi al servizio dei fratelli lungo il cammino.

Gesù ha costituito la Chiesa ponendo al suo vertice il Collegio apostolico, nel quale l’apostolo Pietro è la «roccia» (cfr Mt 16,18), colui che deve «confermare» i fratelli nella fede (cfr Lc 22,32). Ma in questa Chiesa, come in una piramide capovolta, il vertice si trova al di sotto della base. Per questo coloro che esercitano l’autorità si chiamano “ministri”: perché, secondo il significato originario della parola, sono i più piccoli tra tutti. È servendo il Popolo di Dio che ciascun Vescovo diviene, per la porzione del Gregge a lui affidata, vicarius Christi, vicario di quel Gesù che nell’ultima cena si è chinato a lavare i piedi degli apostoli (cfrGv 13,1-15). E, in un simile orizzonte, lo stesso Successore di Pietro altri non è che il servus servorum Dei.

Non dimentichiamolo mai! Per i discepoli di Gesù, ieri oggi e sempre, l’unica autorità è l’autorità del servizio, l’unico potere è il potere della croce, secondo le parole del Maestro: «Voi sapete che i governanti delle nazioni dominano su di esse e i capi le opprimono. Tra voi non sarà così; ma chi vuole diventare grande tra voi, sarà vostro servitore e chi vuole essere il primo tra voi, sarà vostro schiavo» (Mt 20,25-27). Tra voi non sarà così: in quest’espressione raggiungiamo il cuore stesso del mistero della Chiesa – “tra voi non sarà così” – e riceviamo la luce necessaria per comprendere il servizio gerarchico.

***

In una Chiesa sinodale, il Sinodo dei Vescovi è solo la più evidente manifestazione di un dinamismo di comunione che ispira tutte le decisioni ecclesiali.

Il primo livello di esercizio della sinodalità si realizza nelle Chiese particolari. Dopo aver richiamato la nobile istituzione del Sinodo diocesano, nel quale Presbiteri e Laici sono chiamati a collaborare con il Vescovo per il bene di tutta la comunità ecclesiale, ilCodice di diritto canonico dedica ampio spazio a quelli che si è soliti chiamare gli “organismi di comunione” della Chiesa particolare: il Consiglio presbiterale, il Collegio dei Consultori, il Capitolo dei Canonici e il Consiglio pastorale. Soltanto nella misura in cui questi organismi rimangono connessi col “basso” e partono dalla gente, dai problemi di ogni giorno, può incominciare a prendere forma una Chiesa sinodale: tali strumenti, che qualche volta procedono con stanchezza, devono essere valorizzati come occasione di ascolto e condivisione.

Il secondo livello è quello delle Province e delle Regioni Ecclesiastiche, dei Concili Particolari e in modo speciale delle Conferenze Episcopali. Dobbiamo riflettere per realizzare ancor più, attraverso questi organismi, le istanze intermedie della collegialità, magari integrando e aggiornando alcuni aspetti dell’antico ordinamento ecclesiastico. L’auspicio del Concilio che tali organismi possano contribuire ad accrescere lo spirito della collegialità episcopale non si è ancora pienamente realizzato. Siamo a metà cammino, a parte del cammino. In una Chiesa sinodale, come ho già affermato, «non è opportuno che il Papa sostituisca gli Episcopati locali nel discernimento di tutte le problematiche che si prospettano nei loro territori. In questo senso, avverto la necessità di procedere in una salutare “decentralizzazione”».

L’ultimo livello è quello della Chiesa universale. Qui il Sinodo dei Vescovi, rappresentando l’episcopato cattolico, diventa espressione della collegialità episcopale all’interno di una Chiesa tutta sinodale. Due parole diverse: “collegialità episcopale” e “Chiesa tutta sinodale”. Esso manifesta la collegialitas affectiva, la quale può pure divenire in alcune circostanze “effettiva”, che con­giunge i Vescovi fra loro e con il Papa nella sollecitudine per il Popolo di Dio.

***

L’impegno a edificare una Chiesa sinodale – missione alla quale tutti siamo chiamati, ciascuno nel ruolo che il Signore gli affida – è gravido di implicazioni ecumeniche. Per questa ragione, parlando a una delegazione del patriarcato di Costantinopoli, ho recentemente ribadito la convinzione che «l’attento esame di come si articolano nella vita della Chiesa il principio della sinodalitàed il servizio di colui che presiede offrirà un contributo significativo al progresso delle relazioni tra le nostre Chiese»

Sono persuaso che, in una Chiesa sinodale, anche l’esercizio del primato petrino potrà ricevere maggiore luce. Il Papa non sta, da solo, al di sopra della Chiesa; ma dentro di essa come Battezzato tra i Battezzati e dentro il Collegio episcopale come Vescovo tra i Vescovi, chiamato al contempo – come Successore dell’apostolo Pietro – a guidare la Chiesa di Roma che presiede nell’amore tutte le Chiese.

Mentre ribadisco la necessità e l’urgenza di pensare a «una conversione del papato», volentieri ripeto le parole del mio predecessore il Papa Giovanni Paolo II: «Quale Vescovo di Roma so bene […] che la comunione piena e visibile di tutte le comunità, nelle quali in virtù della fedeltà di Dio abita il suo Spirito, è il desiderio ardente di Cristo. Sono convinto di avere a questo riguardo una responsabilità particolare, soprattutto nel constatare l’aspirazione ecumenica della maggior parte delle Comunità cristiane e ascoltando la domanda che mi è rivolta di trovare una forma di esercizio del primato che, pur non rinunciando in nessun modo all’essenziale della sua missione, si apra ad una situazione nuova».

Il nostro sguardo si allarga anche all’umanità. Una Chiesa sinodale è come vessillo innalzato tra le nazioni (cfr Is 11,12) in un mondo che – pur invocando partecipazione, solidarietà e trasparenza nell’amministrazione della cosa pubblica – consegna spesso il destino di intere popolazioni nelle mani avide di ristretti gruppi di potere. Come Chiesa che “cammina insieme” agli uomini, partecipe dei travagli della storia, coltiviamo il sogno che la riscoperta della dignità inviolabile dei popoli e della funzione di servizio dell’autorità potranno aiutare anche la società civile a edificarsi ne

lla giustizia e nella fraternità, generando un mondo più bello e più degno dell’uomo per le generazioni che verranno dopo di noi. Grazie

 

The Vatican’s Gay Anxiety  

David Berger is a Catholic (lay) theologian who was fired from a prestigious teaching post because he is openly gay. As such, he has a special insight into the significance of the Vatican theologian Msgr Krzysztof’s coming out as gay and partnered. He shared his views in an interview with Frankfurter Rundschau.

This is my own free translation:

The Catholic Church can no longer avoid the debate over gay priests. 

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The gay theologian David Berger talks in an interview about the outing of gay clergy Krzysztof Charamsa and about homosexuals in the Vatican. However, Berger leans against blessings for homosexual couples.

Mr. Berger, the Vatican summarily dismissed – in secular terms – the gay theologian Krzysztof Charamsa after his coming out . Was this grasping at crisis management?

In an attempt to demonstrate strength, the apparatus showed in truth its weakness and its vulnerability. The great legal tradition of the Catholic Church, of which we might actually be proud, in this moment is worth nothing any more, after the outwardly hostile attitude towards homosexuality is exposed as living a lie. Continue reading The Vatican’s Gay Anxiety  

Vatican Theologian Confesses: «I’m Happy to Be Gay and I Have a Partner» Video

«I know I will pay the consequences, but it’s time the Church opened its eyes»

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“I want the Church and my community to know who I am: a gay priest who is happy, and proud of his identity. I’m prepared to pay the consequences, but it’s time the Church opened its eyes, and realised that offering gay believers total abstinence from a life of love is inhuman”. Monsignor Krzysztof Charamsa, 43 and Polish, who has been living in Rome for 17 years, speaks with a calm smile on his face. He is not just any priest, but has been a member of the Congregation for the Doctrine of the Faith since 2003, is assistant secretary of the International Theological Commission of the Vatican, and teaches theology at the Pontifical Gregorian University and the Pontifical Athenaeum Regina Apostolorum in Rome. Never before has a priest with such a high-profile role in the Vatican made a similar statement. Today, on the eve of the Synod on the family, Monsignor Charamsa will be in Rome at the LGBT Catholic International Meeting organized by the Global Network of Rainbow Catholics, to support the discussion on gay Catholics.

Why did you decide to come out?
“There comes a day when something inside you snaps, and you can’t go on. If I had been alone I would have lived the nightmare of a denied homosexuality, but God never leaves us alone. And I think He has helped me take this important existential step. It’s important because of its consequences, but it’s also the premise for living honestly, which should be natural for every homosexual. The Church is already behind in tackling the issue, and we can’t wait another 50 years, which is why I’ve decided to tell the Church who I am. I’m doing it for myself, for my community, and for the Church. It is also my duty towards the community of sexual minorities”.
What do you think you will achieve?
“It seems to me that in the Church we are ignorant about homosexuality because we don’t really know any homosexuals. We have them all around us, of course, but we never look them in the eye, because they seldom say who they are. I hope that my personal experience will help stir the Church’s consciousness in some way. I will personally reveal my identity to the Holy Father in a letter. And I will tell the universities in Rome where I teach who I am; to my great sorrow I will probably no longer be allowed to work in Catholic education”.

You are making this announcement on the eve of the Synod on the Family, which begins tomorrow at the Vatican.
“Yes, I would like to tell the Synod that homosexual love is a kind of family love, a love that needs the family. Everyone – gays, lesbians and transsexuals included – foster in their hearts a desire for love and family. Everyone has the right to love, and that love must be protected by society and law. But above all it must be nourished by the Church. Christianity is the religion of love, and love is central to the figure of Jesus we bring to the world. A lesbian or gay couple should be able to openly say to their Church: ‘we love each other according to our nature, and offer this gift of our love to others, because it is a public matter, not just a private one; we are not merely engaged in some extreme pursuit of pleasure’”.
But this is not how the Church sees things.
“No, this is not the position of current Church doctrine, but similar views have been aired in theological scholarship. Above all in Protestant scholarship, but we also have excellent Catholic theologians who have given important contributions in the field”.

Catholic Catechism based on the Bible defines homosexuality as an “intrinsically disordered” tendency…
“The Bible says nothing on the subject of homosexuality. It instead speaks of acts that I would call “homogenital”. Even heterosexual people may perform such acts, as happens in many prisons, but in that case they are acting against their nature and therefore committing a sin. When a gay person engages in those same acts, they are instead expressing their nature. The biblical sodomite has nothing to do with two gays that love each other in modern-day Italy and want to marry. I am unable to find a single passage, even in St Paul, that may be seen as referring to homosexual persons asking to be respected as such, since at the time the concept was unknown”.
Catholic doctrine excludes gays from the priesthood: how did you manage to become a priest?
“The rule was introduced in 2005 when I was already a priest, and only applies to new ordinations. For me it was a shock. It didn’t use to be like this, and I think this is a mistake that needs to be corrected”. Have you always known you are gay? “Yes, but at first I didn’t accept the fact; I submitted zealously to the teaching of the Church and to the life it forced upon me, according to the principle that ‘homosexuality does not exist (and if it does, it needs to be destroyed)’”.
How did you go from denial to being happy about being gay?
“Through study, prayer and reflection. A dialogue with God and the study of theology, philosophy and science were crucial. Moreover, I now have a partner who has helped me transform my fears into the power of love”.
A partner? Is that not even more irreconcilable with being a Catholic priest?
“I know that the Church will see me as someone who has failed to keep a promise, who has lost his way, and what’s worse, not with a woman, but a man! I also know that I will have to give up the ministry, even though it is my whole life. But I’m not doing this so that I can live with my partner. The reasons are much wider-ranging and based on a reflection on Church doctrine”.
Could you explain?
“If I failed to be open, if I didn’t accept myself, I couldn’t be a good priest in any case, because I couldn’t act as an intermediary for the joy of God. Humanity has made great progress in its understanding of these issues, but the Church is lagging behind. This is not the first time, of course, but when you are slow to understand astronomy the consequences are not as serious as when the delay regards people’s most intimate being. The Church needs to realise that it is failing to rise to the challenge of our times”. English translation by Simon Tanner www.simontanner.com

The Queer Christ: Same Sex Desire and Biblical Exegesis (Keith Sharpe)

Jesus Queer Family: the household of Martha and Mary
Jesus Queer Family: the household of Martha and Mary

This paper explores the idea of queer theory generally and queer theology specifically as a set of techniques for the radical deconstruction of all normative sexual identities and social categorisations. It is argued that these techniques resonate with the praxis of Jesus who was essentially crucified by the Jewish religious and Roman political authorities for his queerness in this sense, because in his life and teaching he subverted all the main institutional structures and taken-for-granted realities of his time in order to reveal the transcendent truth which ‘sets us free’.  Since the Bible is witness to Christ as the Word it follows that it can and should thus be read as a queer-friendly text through the lens of the queer Saviour.  Biblical exegesis should take account therefore not only of the multiple contexts of textual narratives but also the inescapable queerness of the worldview which their authors took for granted. Continue reading The Queer Christ: Same Sex Desire and Biblical Exegesis (Keith Sharpe)